EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21, 20-28.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén sitiada por un ejército, sepan que se aproxima su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en la ciudad, que se alejen de ella; los que estén en el campo, que no vuelvan a la ciudad; porque esos días serán de castigo para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre el país y el castigo de Dios se descargará contra este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que se cumpla el plazo que Dios les ha señalado.
Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación”.

Meditación del día 24 de noviembre:

Es la tercera vez que Jesús anuncia, con pena, la destrucción de Jerusalén. También aquí Lucas mezcla dos aspectos: éste de la caída de Jerusalén y la del final del mundo, la segunda venida de Cristo, precedida de signos en el sol y las estrellas y el estruendo del mar y el miedo y la ansiedad “ante lo que se le viene encima al mundo”. Pero la perspectiva es optimista: “entonces verán al Hijo del Hombre venir con gran poder y gloria”. El anuncio no quiere entristecer, sino animar: “cuando suceda todo esto, levántense, alcen la cabeza: se acerca su liberación”. Las imágenes se suceden una tras otra para describirnos la seriedad de los tiempos futuros: la mujer encinta, la angustia ante los fenómenos cósmicos, la muerte a manos de los invasores, la ciudad pisoteada. Esta clase de lenguaje apocalíptico no se debe entender literal sino que tiene un sentido simbólico. Pero por encima de todo, está claro que también nosotros somos invitados a tener confianza en la victoria de Cristo Jesús: el Hijo del Hombre viene con poder y gloria. Viene a salvar. Debemos “alzar la cabeza y levantarnos”, porque “se acerca nuestra liberación”.
Sea en el momento de nuestra muerte, que no es final, sino comienzo de una nueva manera de existir, mucho más plena. Sea en el momento del final de la historia, venga cuando venga. Entonces la venida de Cristo no será en humildad y pobreza, como en Belén, sino en gloria y majestad. Levántense, alcen la cabeza. Nuestra espera es dinámica, activa, comprometida. Hay que esperarlo despiertos, actuando, atentos a descubrirlo en cada persona y en cada acontecimiento. Pidamos a Dios que nos conceda una confianza plena en Él, que nos de la certeza de que pase lo que pase Él va a reinar, y nos dispongamos a vivir atentos y dispuestos para descubrirlo que viene a nosotros cada día.

Que tengan excelente jueves familia Emaús.

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